Friday, May 21, 2004

8. referendo

Para las elecciones de alcalde en Bogotá resultó ganador Luis Eduardo Garzón. Me alegra porque creo que también Lucho garantiza una gestión transparente de la ciudad, aunque me preocupa la capacidad de administración de las empresas distritales y de algunos proyectos de la ciudad. No por el tema sindical que no me produce ninguna zozobra porque han sido varias las muestras de responsabilidad y objetividad que han dado otros líderes de ese sector, como Angelino Garzón por mencionar uno entre muchos otros, además porque del resultado de la gestión de quienes resultaron electos en nombre del Polo Democrático depende que este movimiento se proyecte como una alternativa permanente de poder nacional y no simplemente como una salida ocasional a nivel local, de unos ciudadanos impulsados por sus emociones, como fue el caso de Bogotá, o inconformes con las mediocres administraciones de los partidos tradicionales, como ha sucedido de tiempo atrás en otras ciudades del país.

Mi preocupación es porque no veo buenos administradores en el equipo del nuevo alcalde, de manera que suplicó por la ratificación de buena parte de la actual nómina del distrito. De hecho, no estoy de acuerdo con los planteamientos de Eduardo Sarmiento, quien todavía defiende el modelo monopólico de telecomunicaciones, desconociendo de paso las verdaderas causas de la crisis de TELECOM y los benéficos obtenidos por los colombianos con la apertura.

También perdí con el referendo como muchos otros colombianos, aunque no pueda afirmar que sea la mayoría, pero no vale la pena ocuparse en este espacio de ese tema, suficientemente analizado por expertos en otros escenarios. Sin embargo, quiero referirme a los servicios públicos y las consecuencias que pueden tener los pasados eventos electorales, así como otras circunstancias que están urdiéndose alrededor de este tema en estos momentos.

Insisto en la necesidad de adoptar un modelo que se ajuste a nuestra realidad: la pobreza, el campo, la violencia, la cultura e incultura y a la necesidad de “construir país” fortaleciendo el desarrollo equilibrado de todos los rincones del territorio, lo cual exige que el proceso se produzca en ambos sentidos: de lo local a lo nacional y de la nación hacia la región.

Recordando mi anterior escrito sobre Stiglitz y el “tejido social” y mis afirmaciones sobre un modelo propio de gestión y desarrollo de los servicios públicos, basado en una fórmula que admita la participación privada y respete la pública y considere indispensable la necesidad de fomentar la competencia, tal como ocurre en el sector de las telecomunicaciones (de ahí mi diferencia de opinión con Sarmiento), inmediatamente pensé en los casos de TELECOM, en liquidación; EMCALI, cuya salvación está prácticamente acordada; y CORABASTOS, de la que se conoció esta semana la decisión de privatizarla.

Por eso, cada una de las respuestas a los problemas de esas empresas merece un reconocimiento especial. Primero, porque no se adoptó a toda costa una solución teórica para resolver de igual manera todos los casos. Segundo, porque como consecuencia de lo anterior, confío en que las soluciones sean efectivas pues están hechas a la medida de cada situación.

En el caso de EMCALI, antes de pensar en la privatización o la liquidación, se hizo el mayor esfuerzo para refinanciarla y sacarla adelante. Es importante resaltar que, para el efecto, se respeto la voluntad de los caleños que consideraban casi como un derecho la existencia de sus empresas municipales, igual que en Medellín o Bogotá. En este caso, además de las consideraciones jurídicas o económicas, había que tomar en cuenta el elemento “sicológico”, es decir, el factor de cohesión social que representa las empresas municipales para los ciudadanos de Cali.

Por eso, la propuesta de escindirla y vender alguno de sus negocios más rentables para capitalizarla, no era realizable simplemente porque los caleños no le querían caminar a esa idea. En última, para qué vender lo que estaba generando utilidades para sacar adelante lo que causaba más problemas y menos ingresos, podría preguntarse uno.

En el caso de TELECOM también se produjo una solución de fondo. Sin lugar a dudas, la liquidación de TELECOM es una decisión que se había postergado con la esperanza de adoptar un modelo de gestión que resolviera sus falencias estructurales, pero este remedio no llegaba y como dicen la sabiduría popular, “la demora perjudica”.

Para mí, lo más acertado de esta solución fue la consolidación de la empresa con la liquidación de las teleasociadas, que sin lugar a dudas era un esquema ineficiente de operación, aunque quedan ciertas dudas jurídicas sobre la liquidación de algunas de ellas y, también, sobre la no liquidación de otras. Pero quiero dejar una constancia: creo que el modelo de administración centralizado de la empresa no es adecuado e insisto en que la mejor forma de atender los compromisos de los contratos de asociación sería incluyendo las capitales de los departamentos donde operaban las teleasociadas en las áreas asignadas a cada contrato.

Así mismo, la creación de la nueva empresa era indispensable para continuar prestando el servicio, al tiempo que se busca fondear el pasivo pensional y se resuelven los conflictos sobre los contratos de asociación a riesgo compartido. Sin embargo, el futuro de la nueva empresa no es incierto sino oscuro y salvo por la contribución que puedan hacer a estos dos problemas, sería injusto exigirle a los administradores de la nueva empresa que además cumplan otros objetivos, como pretender que compitan con mayor éxito frente a ORBITEL o ETB.

También se supo la semana pasada que el gobierno pensaba privatizar CORABASTOS. Otra buena decisión pero en sentido totalmente opuesto a las anteriores. Es en esos aspectos donde se refleja la inteligencia y el sentido práctico del gobierno, que desde hace mucho tiempo falta en la clase dirigente del país. Es el mismo sentido práctico que hay que aplaudir cuando se ve la grandeza de quien es capaz de sentarse detrás de un computador para fijar una idea que contribuye a resolver una situación que compromete la tranquilidad y el bienestar de una ciudad, mientras otros se deleitan en la sinuosidad del discurso que no produce resultados.
Ahora vienen las discusiones sobre un tratado de libre comercio con los Estados Unidos de América y ya se sabe que un tema sobre el que este país fija posiciones es el de las telecomunicaciones, como le está ocurriendo a Costa Rica, pero la petición sobre la privatización del operador nacional en nuestro caso resultaría paradójica, teniendo en cuenta que ha pasado a ser un operador de segundo orden, pues no tiene presencia en los servicios móviles, cada día pierde una considerable participación en la larga distancia e internet y solo subsiste para garantizar el pago de las obligaciones contraídas con los trabajadores y los proveedores asociados en los joint-venture, así como la continuidad del servicio local en lugares donde el interés del inversionista privado no sería mayor cosa.

En contraste, la empresa pública, representada por EEPPM y ETB, ha aumentado notablemente su participación en el sector. Sin lugar a dudas, su fortalecimiento mediante la integración de diferentes negocios es un tema que no pasará desapercibido en las negociaciones, más cuando está situación puede afectar sus intereses comerciales y los de sus socios estratégicos (México y Canadá).

Por lo tanto, si bien las peticiones de privatización del operador nacional posiblemente no sean importantes para ninguna de las partes y la privatización de las empresas municipales no está al alcance del gobierno, otras temas como el valor de la licencia de larga distancia, que para algunos constituye una barrera de entrada, si podrá ser un punto de negociación. Amanecerá y veremos.

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