3. competencia
Pocos han reconocido el éxito de la liberalización de las telecomunicaciones en Colombia. En los servicios de larga distancia alcanzamos un nivel de competencia que muy pocos países han logrado y que ha permitido un considerable ahorro para los colombianos, además de beneficios en términos de empleo, comercio, desarrollo, etc. En el segundo año de operaciones, la participación de los nuevos operadores en el mercado de larga distancia internacional fue de 40%, similar a la que logró Chile con 9 operadores en el mismo tiempo, equivalente a la del Reino Unido después de 12 años de iniciar su proceso de liberalización o los Estados Unidos, después de 30 años de competencia, y muy superior a la que han alcanzado países como Australia, Austria, Francia, Alemania, Italia y México.
Aunque en la telefonía local son pocas las ciudades donde existe competencia, la entrada de los nuevos operadores también ha sido relativamente exitosa, a pesar de que se mantienen altos niveles de concentración por tratarse de un mercado más difícil de penetrar y porque se han presentado algunos inconvenientes debidos a las reglamentaciones sobre el uso del espacio público que favorecen a los operadores municipales.
De igual manera, la aplicación de la tarifa plana en el servicio de telefonía local para acceso a internet produjo un cambio considerable en la demanda del servicio. El tráfico de internet aumentó el 60% transcurrido un mes de expedida la medida y, al finalizar el primer semestre del 2002, el aumento consolidado era de 363%.
En general, podemos decir que el sector se mantiene estable, con una tendencia positiva de crecimiento y con operadores más fuertes, al lado de usuarios que reconocen un mejoramiento en la atención de sus necesidades. En los últimos años, la teledensidad ha crecido un 10.9% anual, para llegar a un 17% y los ingresos totales del sector aproximadamente un 20% entre 1998 y 2001.
Sin embargo, la razones del crecimiento del sector no han sido revisadas a fondo. Por lo tanto, este escrito quiere proponer algunas ideas con el fin de motivar a los investigadores para que hagan un análisis de esta realidad y podamos establecer los puntos en los que se debe trabajar conjuntamente para mejorar aún más las tendencias.
Como primera condición para el crecimiento sostenido del sector, quiero mencionar la existencia de un cambio real en la cultura empresarial de los operadores, el cual ha sido presionado por la competencia. El comportamiento “competitivo” se ha extendido a muchas empresas del sector cuyas áreas comerciales y técnicas han tomado una nueva dinámica, incluso en los monopolios locales, a pesar de que no tienen un motivo inmediato y, en general, se ha asumido el reto de mostrar mejores indicadores. De hecho, es evidente que las empresas que han fracasado en el sector son las que siguen siendo víctimas de malos manejos administrativos.
Por otra parte, este puede ser un principio de solución para los contratos a riesgo compartido, si se considera la posibilidad de que TELECOM compita con sus teleasociadas aprovechando la capacidad instalada en los contratos de riesgo compartido, con el fin de mejorar los ingresos de estos últimos y motivar a una mayor eficiencia en aquellas.
Este cambio cultural también se ha soportado en la capacidad de liderazgo de los gerentes. A ello ha contribuido el cambio en la propiedad de algunas empresas, como las que se conglomeraron en el grupo de EPM o las de telefonía móvil celular, lo cual está de la mano con una renovación en los procesos internos de decisión y responsabilidad, acompañado de la implantación de unas políticas de grupo que refuerzan aún más el espíritu de competencia.
Además de una administración responsable y desde el punto de vista comercial acertada, también ha sido fundamental el respeto a la institucionalidad por los agentes regulados y del mismo regulador, con lo cual podemos abonar otro elemento a favor del sector, cual es el sentido práctico de todos los involucrados, que conlleva un compromiso general de seguir adelante para beneficio de las empresas y de los usuarios, como se ha visto en el bajo nivel de controversias judiciales o en la eficacia de los procesos de interconexión. No sobra decir que la CRT fue el primer regulador en América Latina en establecer procedimientos públicos de discusión de la regulación y de expedir un régimen unificado, además de haber comenzado a publicar documentos de análisis o estudios preparatorios de los proyectos regulación para soportar las discusiones con el sector, como en el caso de los cargos de acceso.
También el proceso de liberalización ha tenido éxito gracias a la oportunidad de las interconexiones, a diferencia de otros países como México, lo cual se debe a los siguientes factores:
1) El equilibrio de fuerzas, en la medida que el sector está integrado principalmente por tres grupos empresariales que tienen una participación en el mercado de telefonía local similar. La ETB cuenta con dos millones de líneas totalmente concentradas en la capital del país, lo cual le permite obtener importantes economías en su proceso de producción; el grupo EPM al que pertenece, además de la empresa de Medellín, EDATEL, EMTELSA, EPM-BOGOTA y TELEFÓNICA DE PEREIRA, representa aproximadamente un millón quinientas mil líneas y cubre una región con un alto nivel de ingresos per cápita y con la posibilidad también de obtener algunas economías de densidad por la proximidad de sus principales centros urbanos; y TELECOM, que tiene dos millones y medio de líneas con una imagen favorable y una red que da cubrimiento total al país.
2) La existencia de operadores independientes que facilitaron los procesos de negociación. Muchos convenios generaron beneficios para operadores locales sin afectar los intereses de un grupo, como sucede en las EMPRESAS MUNICIPALES DE CALI, la EMPRESA DISTRITAL DE TELÉFONOS DE BARRANQUILLA y, para el momento de las interconexiones, TELEFÓNICA DE PEREIRA y la EMPRESA DE TELÉFONOS DE BUCARAMANGA, hoy TELEBUCARAMANGA, que eran de propiedad de los municipios y con las cuales TELECOM competía o amenazaba con competir, agregando un elemento emocional a las negociaciones.
3) Aunque resulta paradójico, la propiedad de la Nación sobre el principal operador incumbente, adscrito al Ministerio de Comunicaciones, de manera que el Gobierno tenía una gran capacidad de mando para evitar que la empresa se interpusiera en sus políticas, siempre encaminadas a promover la inversión en el sector y a facilitar la competencia, es decir, la aplicación de la regulación, que también es adoptada por el Ministro como presidente de la CRT, aspecto que el sector no ha sabido interpretar y, en cambio, ha aspirado equivocadamente a que TELECOM sea adscrita a otro ministerio con el ánimo de “separar las funciones del regulador de las del operador”, sin reflexionar en los inconvenientes que pueden producir los enfrentamientos entre dos ministros que deben defender intereses contrapuestos, como sería el de la aplicación de las políticas de liberalización en el sector de las telecomunicaciones y la acérrima defensa que debe hacer un empresario de su posición en el mercado.
4) La eficacia de la regulación que ha servido para facilitar los procesos de negociación. Sin embargo, debe reconocerse que los procesos de interconexión más críticos, los de ETB y ORBITEL con la red nacional de TELECOM, no dieron espacio para probar la efectividad de las normas y de los procesos de control pues, a pesar de que la CRT adoptó las decisiones generales y particulares que se requerían para el efecto, el factor decisivo para que se celebraran los acuerdos necesarios fueron las amenazas de la ETB, seguida después por EPM, de desconectar a TELECOM en Bogotá y Medellín si no se garantizaba la interconexión en el resto del país. Evidentemente la pérdida de ese tráfico, por el tiempo que fuera, hubiera sido muy grave para TELECOM.
Es importante subrayar que la regulación debe orientarse hacia la protección del usuario, a garantizarle acceso a un servicio de buena calidad, a un precio razonable. Para ello, la competencia es un instrumento pero no un objetivo, por lo que puede ser necesario sacrificar la competencia, si con ello se logra garantizar una oferta adecuada del servicio al usuario. Puede verse que los procesos de liberalización en casi todo el mundo se han hecho en forma gradual y en algunos casos se han definido reglas que limitan la entrada de nuevos operadores en mercados que deben soportar cargas de servicios universal, sin que estas restricciones sean incompatibles con un régimen de competencia. Esta situación se verifica en la telefonía local extendida, donde si bien puede suponerse que la competencia en las llamadas intermunicipales reducirá las tarifas de los usuarios, en especial en rutas de alto tráfico que, además, generalmente conectan ciudades muy próximas, por lo que la tarifa puede estar muy por encima de los costos del servicio, es necesario considerar integralmente la operación de este servicio, contemplando las condiciones de expansión, operación y demás costos involucrados en la totalidad de la red departamental y no solamente para algunas rutas, pues esos excedentes son indispensables para atender la zonas deficitarias. Soluciones similares se han adoptado en Estados Unidos con la conformación de las “Local Access and Transport Areas” (LATA), Perú y Chile.

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