79. La Comisión Nacional de Disciplina Judicial
Con la Constitución del 91 se creó el Consejo Superior de la Judicatura, dividido en dos salas, una disciplinaria y otra administrativa. Para la conformación de la primera, se asignó al Presidente de la República la facultad de conformar las ternas que se presentarían al Congreso de la República para su elección. Se esperaba que el Gobierno Nacional seleccionara candidatos de las más altas capacidades morales, expertos en estos temas, para conformar las ternas de los aspirantes, pero los intereses políticos convirtieron estos cargos en botín burocrático. No sobra recordar que fue la Sala Disciplinaria, la que más escándalos suscitó con sus fallos de tutela, que desafiaban las decisiones de la Corte Suprema de Justicia. Para resolver esta situación, con el Acto Legislativo 2 de 2015 se tomaron dos decisiones. Por una parte, se le quito la competencia para conocer de acciones de tutela a la jurisdicción disciplinaria, solución insípida porque, si bien evita las controversias judiciales con este órgano, el asunto que debía resolverse en el fondo era el de impedir el “choque de trenes” que se presenta entre todas las Cortes. Por otra parte, en lugar de que el Presidente de la República conformara las ternas para la elección de los 7 magistrados, ahora solo las elabora para 4 magistrados y el Consejo Superior de la Judicatura para los 3 restantes, dejando, en todo caso, la elección en el Congreso de la República. Pero, con estas medidas, en lugar de un avanzar, retrocedemos. Revisemos el problema. Si gran parte del desprestigio se debe a la politización de la Justicia, que empezó por la Sala Disciplinaria y se sigue repitiendo en aquellos cargos en que los apetitos burocráticos, además de otros intereses, enturbian la designación de los funcionarios, debería evitarse la maligna influencia que, tanto el Gobierno como el Congreso han tenido sobre los órganos judiciales. Pensando en la solución, podría dejarse la designación de todos los miembros al interior de la Rama Judicial, como actualmente ocurre con los 23 magistrados de la Corte Suprema de Justicia y 31 magistrados del Consejo de Estado, que son elegidos por las propias corporaciones, de ternas enviadas por el Consejo Superior de la Judicatura, los cuales no han sido tachados por sus condiciones, salvo contadas excepciones, pero esta solución no agrada a algunos porque se presta para un comercio de favores. Aun así, este reparo podría evitarse con un estricto régimen de inhabilidades e incompatibilidades. Cabe anotar que, aun cuando se han dado algunas filtraciones en la élite judicial, como el llamado “cartel de la toga”, en general se percibe que los magistrados son personas que están a la altura de la dignidad que representan, por lo que el proceso de selección que se realiza para esas corporaciones, en la mayoría de los casos ha dado los resultados esperados y los problemas ocurridos no son atribuibles al proceso de selección sino que son el resultado de conductas individuales, imposibles de precaver. Una solución más aventurada podría ser que las ternas o una parte de ellas, fueran elaboradas por la “sociedad civil”, por ejemplo, por un grupo de universidades acreditadas de alta calidad en Derecho, o por los centros de arbitraje de las Cámaras de Comercio. También debe permitirse que los mejores magistrados de las salas seccionales puedan integrar la Sala Jurisdiccional Disciplinaria, como un merecido reconocimiento a su dedicación. De esta manera, se garantiza que personas que superaron las pruebas de ingreso a la Rama Judicial y que han demostrado en el ejercicio profesional sus aptitudes, puedan orientar a la jurisdicción. Pero, si en la elección de los magistrados de la Sala Jurisdiccional Disciplinaria sigue prevaleciendo el criterio político, tanto del Gobierno Nacional que se inclinará por sus seguidores para conformar las ternas, como del Congreso de la República, que tomará sus decisiones con base en "respaldos", "compromisos", "alianzas" y "favores" de los candidatos, los órganos judiciales seguirán siendo mal representados y continuarán perdiendo credibilidad ante la sociedad.
