Monday, April 06, 2015

71. Por qué fracasan los países IV

Se afirma en el libro que, a diferencia de Brasil, Chile y México, “es muy poco probable que haya crecimiento económico sostenible en Colombia”(p. 508), pero este juicio está en contradicción con los resultados obtenidos durante más de dos décadas por el país y con la opinión que tienen organismos internacionales como el Banco Mundial, la OCDE (con la cual se adelanta un proceso de negociación para hacer parte de ella), la Unión Europea, así como la de los gobiernos y empresarios de los Estados Unidos de América, España, Inglaterra o Canadá, los mayores inversionistas en el país. Incluso, puede afirmarse que la opinión de ACEMOGLU y ROBINSON es un poco superficial. Para ellos, la diferencia entre esos países y Colombia se debe a los cambios institucionales que han realizado. En el fondo, se refieren a los cambios en sus sistemas políticos. Brasil en 1985 y Chile en 1990, terminaron con sus dictaduras militares. México, en cambio, solo hasta 2000 puso fin a 71 años de hegemonía del Partido Revolucionario Institucional–PRI, al elegir como presidente a Vicente Fox, del Partido Acción Nacional-PAN. Es verdad que actualmente Brasil y Chile tienen una democracia consolidada, pero la situación política de México no es tan clara, no solo porque el PRI retomó el poder sino porque las elecciones regionales están influenciadas por múltiples factores de corrupción, como el narcotráfico, por lo que, es difícil afirmar que sus instituciones políticas sean mejores o más fuertes que las de Colombia. De otra parte, si bien las economías de estos países muestran cifras promisorias y es posible que puedan alcanzar las condiciones de vida de países desarrollados en un tiempo no muy lejano, Colombia no está lejos de este grupo. En efecto, Colombia mantiene tasas de crecimiento positivo desde hace una década y su economía puede ser considerada como una de las más sanas del continente. No hay que olvidar que, a diferencia de México y Brasil, siempre ha cumplido con los pagos de su deuda externa y se ha caracterizado por tener una de las menores inflaciones de la región. De igual manera, su nivel de endeudamiento y el gasto público son manejados en forma conservadora, en parte, gracias al diseño de sus instituciones. Precisamente, otro error de ACEMOGLU y ROBINSON es afirmar que el Banco Central de Colombia pasó a ser independiente en los noventa(p.522). El Banco de la República se creó en 1923 como una sociedad anónima entre los bancos y el Estado, justamente para evitar que se presentara una crisis económica como la de ese año, causada por el desorden fiscal del Gobierno. Desde el comienzo, su junta directiva elegida por los socios, tuvo amplias facultades para intervenir la economía, como la emisión de moneda, la administración de las reservas internacionales, la fijación de la tasa de descuento de los bancos comerciales y de la tasa de interés de los préstamos bancarios, así como el otorgamiento de préstamos a la Nación, de manera que esta entidad sustrajo gran parte de las facultades de intervención económica del Gobierno, evitando que pudiera manipular variables económicas sensibles, como el endeudamiento interno o la emisión de moneda, según sus intereses . El Banco de la República se ha caracterizado por su ortodoxia y siempre ha mostrado independencia del Ejecutivo, entre otras razones, por la participación del sector privado en su junta directiva y porque, a diferencia de los otros países en la región, no sufrimos una dictadura militar y porque desde su conformación, los dirigentes políticos recocieron la importancia de garantizar un manejo técnico de la economía. Por lo tanto, puede decirse que Colombia tiene una economía con crecimiento sostenido desde hace tiempo, de manera que no existen razones para llegar a conclusiones lapidarias sobre nuestro país, como las de ACEMOGLU y ROBINSON, a pesar de los problemas de orden público que han existido a lo largo de la historia y que estamos en camino de superar.

70. Por qué fracasan los países III

Se pueden identificar vicios en la distribución y ejercicio del poder a nivel local, como en la distribución y ejercicio del poder en las esferas nacionales. En esta línea, ACEMOGLU y ROBINSON plantean que para entender por qué los países son pobres, los principales interrogantes que deben resolverse son: cómo se toman las decisiones, quiénes las toman, y por qué lo hacen(p.89). Para dar respuesta a estas preguntas, los autores comienzan afirmando la importancia de la propiedad privada como condición para el desarrollo y agregan que las condiciones básicas para generar riqueza serían tres: “seguridad de la propiedad privada, un sistema jurídico imparcial y servicios públicos que proporcionen igualdad de condiciones en los que las personas puedan realizar intercambios y firmar contratos; además de permitir la entrada de nuevas empresas y dejar que cada persona elija la profesión a la que se quiere dedicar”(p.96). Pero si todos estos elementos están en nuestro sistema legal, por qué fallamos? En primer lugar, pueden identificarse condiciones muy complejas para la implementación efectiva de las instituciones, empezando porque en Colombia la Independencia no conllevó una redistribución de la propiedad, principalmente agraria, y esta situación no se ha podido resolver en los dos siglos que tiene la República, incluso, el problema se ha agravado por causa de la violencia que ha llevado al desplazamiento de 3,7 millones de personas según la Agencia Presidencial para la Acción Social . También debe señalarse que el acceso al crédito estuvo restringido para la mayor parte de la población hasta hace poco. Igualmente, puede decirse que el sistema judicial durante mucho tiempo estuvo ausente para la mayoría de las personas en el territorio nacional, que en algunas zonas la fuerza sigue imponiéndose sobre las leyes y que el problema de impunidad mina profundamente –más que cualquier otro elemento- la convivencia pacífica, sin olvidar que la rama judicial tiene una estructura monolítica que no contribuye a su funcionamiento eficiente. En relación con los servicios públicos, los problemas son innumerables. Las condiciones sociales, económicas y geográficas retardaron su oferta para toda la población durante mucho tiempo. El modelo de gestión público fracasó en medio de la corrupción y fue remplazado por el modelo de gestión privada. Aun cuando actualmente los niveles de cobertura de servicios públicos esenciales son satisfactorios, la calidad no necesariamente es adecuada para toda la población, de manera que existe un círculo vicioso: salud , educación , acueducto y saneamiento básico , electricidad y gas , transporte, comunicaciones y otros servicios esenciales se encuentran rezagados por falta de recursos en lugares distintos a los grandes centros urbanos y son comunes las denuncias ciudadanas por su mala prestación. En conclusión, como se repite en tantos foros, los problemas sociales se originan “por la ausencia del Estado”. Esta ausencia de Estado es imputable a quienes toman las decisiones, a quienes conforman los centros del poder: el Ejecutivo, el Parlamento, los Jueces y demás órganos del poder, los partidos políticos, los empresarios, el sistema financiero, los medios de comunicación, la Iglesia, los militares… Está claro que esta élite no ha sido capaz de dirigir al país hacia el desarrollo, que algunas instituciones económicas y políticas están diseñadas en el papel pero no son reales, que no ha sido posible orientar la acción estatal hacia un propósito común o, en otro sentido, que continuamente se anteponen los intereses de grupo y el beneficio personal, al bienestar general.

69. Por qué fracasan los países II

Pese a estos reparos, debe reconocerse que la obra plantea una importante discusión sobre la forma como están concebidas las instituciones en nuestro medio. ACEMOGLU y ROBINSON explican que las instituciones pueden clasificarse en “extractivas” e “inclusivas”. Las primeras sacan los recursos y las oportunidades en beneficio de unos pocos; las segundas procuran el beneficio de todos y tienen como características que son “centralizadas y pluralistas” (p.103). Debe indicarse que el concepto de “instituciones centralizadas” es equívoco. Para explicar el concepto, los autores hablan de Somalia (p.111), donde existen muchos clanes que no son capaces de organizarse. Por lo tanto, la “centralización” se refiere más bien a que exista un poder por encima de los grupos, una fuerza capaz de imponerse sobre los demás (p.137). En este sentido, la “centralización” en una democracia no se refiere al partido político que temporalmente asume el poder en un sistema que admite la alternancia, sino al grupo que conforma la élite que controla las instituciones y que permanece a través del tiempo. Aun cuando para los autores el poder real recae en un grupo, en las democracias ese poder debe ser la Ley. En una democracia no existe una persona que pueda estar por encima de la Ley. Por lo tanto, para que las decisiones de esa élite se legitimen es necesario que se adopten respetando unas “reglas del juego” que han sido aceptadas por todos, conforme al contrato social, por lo que existe un poder anterior, que en la teoría constitucional se define como el “poder constituyente” y que da una forma determinada a una organización política. Es así que los colombianos, por tradición y formación, entienden y conciben el Estado de Derecho bajo instituciones democráticas organizadas conforme al modelo liberal de Montesquieu, con tres ramas del poder claramente definidas, bajo un sistema económico basado en la propiedad privada y la libertad de empresa. Es importante señalar como Colombia es uno de los pocos países del continente donde la democracia ha sido constante desde el siglo XIX y en el que instituciones incluyentes esenciales como la abolición de la esclavitud(1852) y el sufragio universal(1853) fueron adoptadas tempranamente. De igual manera, en el siglo XX se concedió el derecho al voto para la mujer(1957), aunque un poco después que otros países, y a finales del siglo pasado se amplió la democracia con la elección popular de alcaldes(1986) y gobernadores(1991), se establecieron otros mecanismos de participación ciudadana en el gobierno, como las consultas populares o la revocatoria del mandato de los alcaldes, y se consagró en la Constitución de 1991, la acción de tutela, que ha sido un instrumento revolucionario para la protección de los derechos fundamentales. A pesar de ello, existe un alto escepticismo sobre el funcionamiento de las instituciones y quienes las conforman, en parte, a errores en su diseño que permiten a personas inapropiadas llegar a los cargos públicos.

68. Por qué fracasan los países I

El libro de ACEMOGLU y ROBINSON, además de ser un éxito editorial, se ha convertido en una pieza importante para el análisis de las instituciones públicas, con la misma influencia que podrían tener obras como “El malestar de la globalización” o “La libertad de elegir”. Sin embargo, la simplicidad de algunos de sus argumentos puede encerrar una trampa intelectual que debe ser expuesta al debate, para lograr una interpretación más objetiva de nuestros problemas y, por ende, una solución que permita estructurar un modelo de gobierno y sociedad desde nuestra propia realidad, que de manera efectiva conduzca hacia el desarrollo de nuestros países. Antes de comenzar, hay que hacer una aclaración. La tesis fundamental del libro es absolutamente válida: el desarrollo de los países depende de sus instituciones. En el trasfondo, lo que sostienen los autores es que el desarrollo de un país depende del respeto a la ley por parte de los asociados, es decir, respeto a los contratos, a las autoridades legítimas, a los derechos de los demás, lo que en últimas se traduce en “la fuerza de sus instituciones”. Pero, qué son las instituciones? ACEMOGLU y ROBINSON se refieren a conceptos como la democracia, que comprenden el sufragio universal, la distribución equitativa del poder y la alternancia de los gobernantes, así como la existencia de un sistema legal efectivo que conlleva que los gobernantes deban responder a sus gobernados (impeachment), por oposición a la corrupción que es muy fuerte en los países no desarrollados. Estos conceptos se pueden agrupar bajo la categoría de “instituciones políticas”(p. 23). También mencionan otros aspectos fundamentales para el desarrollo como la libertad de elegir trabajo, el acceso a la educación y a la tecnología (capacidad de innovación), los servicios públicos, la seguridad social, todos los cuales pueden son agrupados como “incentivos” y que son garantizados por las “instituciones económicas”(p. 23). Aun cuando no es novedoso afirmar que estos elementos son causa y efecto del progreso económico y social, los autores procuran identificar las razones por las cuales los países desarrollados estas instituciones emergieron y consolidaron un político y económico que permitió su crecimiento, mientras que explican por qué las condiciones que derivaron en dichas instituciones no se presentaron en otras latitudes. Es un esfuerzo valioso que en ocasiones acierta pero en otras cae en la superficialidad y deriva consecuencias sin ninguna conexión de hechos pasados o completamente ajenos al medio en que pretenden aplicarse, como cuando conectan el sistema impositivo español en la colonia para explicar la desigualdad actual entre dos pueblos peruanos, Calca y Acomayo, que está más relacionada con la indiferencia del gobierno central; o cuando asumen que la gestación del sistema bancario de los Estados Unidos de América fue distinta a la de México porque este último estuvo determinado por la corrupción política y aquél no, siendo el sistema federalista y la condiciones de la migración hacia el Oeste factores determinantes en la organización de las “instituciones económicas” norteamericanas; o cuando simplemente preguntan por qué Estados Unidos de América adoptó la revolución industrial en forma temprana y México no, como si el hecho de que aquellos fueran una colonia inglesa no fuera suficiente explicación; o cuando se hacen comparaciones banales como la de Bill Gates y Carlos Slim, afirmando que la diferencia entre la forma como se hace riqueza en Estados Unidos de América y nuestros países radica en que, en nuestro medio lo importante es saber "a quién conoce uno y en quién puede influir, y, sí, también, a quién puede sobornar”, para concluir al mejor estilo del cowboy americano que: “Cuando Slim estuvo sometido a las instituciones de Estados Unidos, sus tácticas habituales para ganar dinero no funcionaron”.