Tuesday, October 31, 2006

55. cal y arena

El borrador del proyecto de decreto presentando por el Ministerio de Comunicaciones para una breve discusión, a pesar de la importancia del tema, anticipa su expedición. Lamentablemente, es un documento deficiente gramaticalmente, farragoso en su concepción y con muy escaso sustento legal.

Aún cuando pretende definir reglas para la convergencia, en realidad se ocupa en su mayor parte de la comercialización de servicios y es en este tema donde más se siente la ausencia de los fundamentos jurídicos, los cuales no pueden suplirse con peticiones de principio como: “la comercialización es un elemento de la esencia e indispensable para la prestación, explotación y provisión al público de los servicios públicos de telecomunicaciones”; o expresiones axiomáticas como: “un instrumento de política para promover la competencia y mejorar la calidad de los servicios”.

También resultan equivocadas normas como el artículo 9, sobre la libertad de expresión y contenido, que solo contribuyen a resolver la cuadratura del círculo. Aclarar a estas alturas que “Los contenidos y aplicaciones así como las actividades económicas en sectores distintos al de telecomunicaciones que se suministren a partir del uso de los servicios de telecomunicaciones, no son parte de estos servicios ni requieren concesión del Estado para su prestación y explotación”, es un “descubrimiento tardío” y, en cambio, deja dudas sobre la situación de los contenidos, aplicaciones y actividades económicas que sean del sector de las telecomunicaciones, pues bajo esos parámetros ¿hasta dónde llega este sector?

Tampoco la concepción del “título habilitante integrado”, aporta gran cosa al régimen de operación de los servicios. Finalmente, el problema es la clasificación técnica de los servicios que trae el estatuto de telecomunicaciones vigente.

Wednesday, October 18, 2006

54. Grameen

El premio Nobel de Paz, el más importante reconocimiento que pueda recibir una persona en el mundo por su obra, ha sido otorgado a un banquero, pero no se trata de un triunfo más de la exacerbada globalización económica. Mohamed Yanus en realidad es una especie de apóstol de la economía, que creó el Banco Grameen a partir de una idea muy simple, casi por casualidad. Repito la historia porque tal vez, de tanto repetirse, puede volverse realidad en nuestro medio. Yanus, profesor de economía en Bangladesh, enseñaba la forma como debían superarse las condiciones de pobreza. Un día conoció una humilde trabajadora que dependía de un usurero para adquirir la materia prima y vender sus productos. Curioso por la calidad del producto, Yanus preguntó el precio al que ella vendía y se dio cuenta que apenas obtenía los recursos para su subsistencia, mientras el usurero además de los altos intereses que cobraba, se quedaba con la mercancía y la plusvalía. Yanus comprendió que por una suma ridícula, podía romperse la “cadena de valor”. Investigó un poco y conoció otros casos semejantes. Finalmente, calculó que con veintiún dólares podía ayudar a esas personas a librarse de los usureros, pero queriendo hacer más, acudió a los bancos convencido de poder romper ese círculo de explotación humana, pero éstos se negaron a ayudar a esas personas por carecer de respaldo económico. Todos lo sabemos: los bancos prestan a quienes tienen dinero.

De manera cáustica diría que Yanus no obtuvo el Nobel de economía porque probablemente no formuló ninguna teoría académica, ni realizó larguísimos estudios, basados en una infinita recolección de cifras. Hasta es posible que los economistas, banqueros y financieros, piensen que es un mal economista. Pero lo que demuestra el carácter de este hombre y su integridad, fue lo que ocurrió después: cuando los bancos rechazaron su idea, no se conformó con decir “Lo intenté”. El decidió fundar un banco para los pobres.

Creo que una parte importante del problema consiste en la disociación que existe entre el rigor académico de algunos y la inteligencia de los pobres, que como dice Yanus, les permite vivir a pesar de sus condiciones. El Nobel también advierte en sus conferencias sobre el escepticismo de los banqueros y los tecnócratas. Ellos le decían que si prestaban a los pobres, probablemente se comerían la plata y “del estomago no podía recuperarse” Sin rubor, a la salida de la conferencia de Yanus, le preguntaron a un alto empleado de algún banco su opinión opinaba sobre la propuesta de quien en ese momento todavía no era el Nobel de Paz. La respuesta se sabía: existen diferencias entre cada país y sería muy difícil realizar algo parecido aquí. En el fondo creo que afirmaba que en Colombia los pobres se robarían la plata.

Con fino humor, Carlos Balén dice que el segundo mejor negocio que existe es una empresa de telecomunicaciones mal manejada. Tal vez por eso, después de crear el Banco Grameen se constituyó Grameem Telecom. Esta empresa desarrolló un programa para la comercialización de minutos de telefonía móvil por las mujeres cabeza de familia. ¡Nuestros chalequeros! El resultado: 58.000 teléfonos, 33.000 aldeas y casi dos millones de usuarios. Ojo: 58.000 empleos de madres cabeza de familia.

El Ministerio de Comunicaciones, en cambio, decidió combatir a los chalequeros. Como ya lo había afirmado (33. Doble vía), los chalequeros son un sistema de acceso comunitario para los pobres, que reducen el precio del minuto prepago con los planes de alto consumo, cuyo valor por minuto es considerablemente inferior. No se si las empresas piensan que los chalequeros sustituyen el consumo de las tarjetas prepago, pero es evidente que los usuarios que acuden a esta solución tienen una fuerte restricción de gasto y que están lejos de poder pagar un minuto al valor de la tarjeta, que además es el más alto del mercado. El resultado es que el Ministerio de Comunicaciones está encartado con unos 35.000 teléfonos, decomisados “dizque” con base en el estatuto antiterrorista. Que horror: 35.000 personas bajo sospecha de terrorismo por tener un celular y, lo peor, siguen sueltas.


Hernando de Soto, economista peruano y una de las personas más influyentes en el mundo, según Clinton, ha basado su trabajo en el estudio de la economía informal. Considera que la pobreza podría romperse si se reconocieran los derechos de propiedad de los pobres, para lo cual es necesario cambiar nuestro sistema jurídico que se basa en la economía formal y facilitar créditos a los pobres. Al igual que Yanus, De Soto sabe que los bancos solo le prestan dinero a quienes menos lo necesitan.

Para terminar, vale la pena mencionar el problema de los moto-taxis, otro conflicto mal casado y que tiene las mismas connotaciones. Aún cuando probablemente recibe más de un regaño de mis suegros, la solución no puede ser prohibir esta forma de trabajo. Mejor sería prohibirlos por determinadas vías, establecer el pico y placa, obligarlos a organizarse en cooperativas. Finalmente, si la ciudad de Barranquilla se parece a Niu Orlean, no veo porque Sincelejo no puede ser como Roma.

Un estudio del caso: http://www.cuadernos.tpdh.org/file_upload/02_Jaime_Aguinaga.pdf

Monday, October 02, 2006

53. Culpable

En nuestro medio no es difícil escuchar opiniones mediáticas en presentaciones públicas que sin ningún rubor y a pesar de que para la mayoría son una muestra de desatino, pretenden cazar adeptos entre los incautos que probablemente desconocen algunos principios básicos del proceso de liberalización del sector de las telecomunicaciones. Es así como en el excelente foro que recientemente organizó la Cámara de Comercio de Bogotá con apoyo de El Tiempo y la Universidad Externado de Colombia, Arnaldo Meneses hizo una serie de acusaciones a las personas que dirigieron las políticas de telecomunicaciones del país en los últimos diez años. Incluso, aceptó parte del error porque, según él, un poco tarde la administración a la que perteneció expidió un decreto que reglamentó la prestación de servicios de radiomensajería; pero, la verdad, mal podría imputársele culpa alguna cuando el decreto fue expedido apenas un año después de su llegada. Vale decir que Arnaldo aclaró que el servicio tardó más de siete años en tener esa normativa, pero su esfuerzo no fue suficiente para salvarlo.

Sinceramente me preocupan las repercusiones internacionales que podría tener para nosotros esta demora porque otros países podrían culparnos del ocaso de los servicios de radiomensajería por nuestra negligencia. Quién sabe…también podemos ser responsables del final del télex, servicio que nunca reglamentamos, o del telégrafo... aunque podríamos intentar revivirlo con algunos decretos.

Merecen para mí el mayor respeto las palabras del representante de una asociación de usuarios cuyo sistema de afiliación y representación muy pocos conocen. Especialmente me preocupan las acusaciones sobre la política tarifaria que aplicamos cuando fui comisionado. Según Arnaldo, la demostración de nuestras equivocaciones consiste en que las empresas de telefonía fija tuvieron utilidades entre 1999 y 2000, cuando el país sufría una grave crisis económica.

Debo aceptar que eso es cierto. Con Diego Molano y Gustavo Peña aprobamos la regulación que permitió el rebalanceo tarifario de la telefonía fija en Colombia. Si esto contribuyó a que las empresas de telefonía fija no tuvieran pérdidas, me declaro culpable o, mejor, responsable. Pero debo agregar algunas cosas al respecto.

En primer lugar, probablemente Colombia sea el país de América Latina donde se haya hecho el proceso de rebalanceo más serio hasta el momento. Recuerdo que en el 2000 participé en una reunión en Cancún con Roberto Door, asesor de la Secretaría de Comunicaciones de Argentina y persona de basta experiencia en la industria, quién sostenía que no era posible aplicar el modelo de costos incrementales de largo plazo. Afirmación increíble viniendo del regulador de un país que había privatizado su empresa diez años antes, pero completamente válida en el contexto latinoamericano. Lo cierto es que nosotros teníamos un año de aplicar el modelo y mi posición levantó muchas suspicacias, por lo que para sacarme el clavo dije que prefería nuestro modelo al argentino, donde las tarifas de telefonía eran exageradamente altas. Un año después cayó el gobierno de De la Rúa y uno de los detonantes fue la difícil situación de las clases media y baja. Para resumir, las tarifas sí subieron en Colombia, en algunas regiones mucho más que en otras, pero era necesario hacer ese ajuste para que las empresas fueran sostenibles, pues ya no tenían acceso a las transferencias por los servicios de larga distancia que subsidiaban la telefonía fija. Aún así, nuestro país era y sigue siendo uno de los que tiene las tarifas más bajas del continente.

En segundo lugar, debe aclararse que cuando hicimos el rebalanceo tuvimos cuidado de no permitir aumentos en el cargo de conexión, con el fin de mantener una política de servicio universal, de manera que el mayor costo se reflejaba en el consumo, factor que los usuarios podían controlar más fácilmente.

En tercer lugar, al asegurar la viabilidad de las empresas garantizamos la modernización de la red telefónica, que actualmente es totalmente digital, abonando el terreno para la llegada de nuevos servicios para un mayor grupo de la población.

En cuarto lugar – y aún cuando no debía ser una consideración del regulador -, protegimos el patrimonio estatal, pues muchas de las empresas beneficiadas eran públicas, de manera que los municipios no tuvieron que recibir esa carga, especialmente en un momento en el que la mayoría se encontraban en una gravísima situación financiera, incluso, en ley 550. Vale decir que las empresas intervenidas lo fueron por otras razones.

En quinto lugar – y aún cuando tampoco debía ser una consideración del regulador -, las utilidades obtenidas en ese periodo por las empresas no solo permitieron las inversiones necesarias para modernizar las redes e impulsar el crecimiento de servicios como internet, sino que también le sirvieron a algunos municipios para desarrollar programas sociales, especialmente dirigidos a la educación de los niños más pobres, como ocurrió en Medellín y Bogotá.

Para no extenderme más, debo reconocer que estos resultados no fueron consecuencia exclusiva de la regulación. Siempre he sostenido que el principal factor fue una administración responsable de las empresas, que permitió salir con éxito de esa prueba. Aunque, como me dijo Sergio Regueros en una reunión que tuvimos en la ETB, no fue él o su equipo el que cambió el rostro de la empresa, sino los trabajadores de la competencia abriendo canalizaciones en el mismísimo frente de la calle 20.