Wednesday, October 18, 2006

54. Grameen

El premio Nobel de Paz, el más importante reconocimiento que pueda recibir una persona en el mundo por su obra, ha sido otorgado a un banquero, pero no se trata de un triunfo más de la exacerbada globalización económica. Mohamed Yanus en realidad es una especie de apóstol de la economía, que creó el Banco Grameen a partir de una idea muy simple, casi por casualidad. Repito la historia porque tal vez, de tanto repetirse, puede volverse realidad en nuestro medio. Yanus, profesor de economía en Bangladesh, enseñaba la forma como debían superarse las condiciones de pobreza. Un día conoció una humilde trabajadora que dependía de un usurero para adquirir la materia prima y vender sus productos. Curioso por la calidad del producto, Yanus preguntó el precio al que ella vendía y se dio cuenta que apenas obtenía los recursos para su subsistencia, mientras el usurero además de los altos intereses que cobraba, se quedaba con la mercancía y la plusvalía. Yanus comprendió que por una suma ridícula, podía romperse la “cadena de valor”. Investigó un poco y conoció otros casos semejantes. Finalmente, calculó que con veintiún dólares podía ayudar a esas personas a librarse de los usureros, pero queriendo hacer más, acudió a los bancos convencido de poder romper ese círculo de explotación humana, pero éstos se negaron a ayudar a esas personas por carecer de respaldo económico. Todos lo sabemos: los bancos prestan a quienes tienen dinero.

De manera cáustica diría que Yanus no obtuvo el Nobel de economía porque probablemente no formuló ninguna teoría académica, ni realizó larguísimos estudios, basados en una infinita recolección de cifras. Hasta es posible que los economistas, banqueros y financieros, piensen que es un mal economista. Pero lo que demuestra el carácter de este hombre y su integridad, fue lo que ocurrió después: cuando los bancos rechazaron su idea, no se conformó con decir “Lo intenté”. El decidió fundar un banco para los pobres.

Creo que una parte importante del problema consiste en la disociación que existe entre el rigor académico de algunos y la inteligencia de los pobres, que como dice Yanus, les permite vivir a pesar de sus condiciones. El Nobel también advierte en sus conferencias sobre el escepticismo de los banqueros y los tecnócratas. Ellos le decían que si prestaban a los pobres, probablemente se comerían la plata y “del estomago no podía recuperarse” Sin rubor, a la salida de la conferencia de Yanus, le preguntaron a un alto empleado de algún banco su opinión opinaba sobre la propuesta de quien en ese momento todavía no era el Nobel de Paz. La respuesta se sabía: existen diferencias entre cada país y sería muy difícil realizar algo parecido aquí. En el fondo creo que afirmaba que en Colombia los pobres se robarían la plata.

Con fino humor, Carlos Balén dice que el segundo mejor negocio que existe es una empresa de telecomunicaciones mal manejada. Tal vez por eso, después de crear el Banco Grameen se constituyó Grameem Telecom. Esta empresa desarrolló un programa para la comercialización de minutos de telefonía móvil por las mujeres cabeza de familia. ¡Nuestros chalequeros! El resultado: 58.000 teléfonos, 33.000 aldeas y casi dos millones de usuarios. Ojo: 58.000 empleos de madres cabeza de familia.

El Ministerio de Comunicaciones, en cambio, decidió combatir a los chalequeros. Como ya lo había afirmado (33. Doble vía), los chalequeros son un sistema de acceso comunitario para los pobres, que reducen el precio del minuto prepago con los planes de alto consumo, cuyo valor por minuto es considerablemente inferior. No se si las empresas piensan que los chalequeros sustituyen el consumo de las tarjetas prepago, pero es evidente que los usuarios que acuden a esta solución tienen una fuerte restricción de gasto y que están lejos de poder pagar un minuto al valor de la tarjeta, que además es el más alto del mercado. El resultado es que el Ministerio de Comunicaciones está encartado con unos 35.000 teléfonos, decomisados “dizque” con base en el estatuto antiterrorista. Que horror: 35.000 personas bajo sospecha de terrorismo por tener un celular y, lo peor, siguen sueltas.


Hernando de Soto, economista peruano y una de las personas más influyentes en el mundo, según Clinton, ha basado su trabajo en el estudio de la economía informal. Considera que la pobreza podría romperse si se reconocieran los derechos de propiedad de los pobres, para lo cual es necesario cambiar nuestro sistema jurídico que se basa en la economía formal y facilitar créditos a los pobres. Al igual que Yanus, De Soto sabe que los bancos solo le prestan dinero a quienes menos lo necesitan.

Para terminar, vale la pena mencionar el problema de los moto-taxis, otro conflicto mal casado y que tiene las mismas connotaciones. Aún cuando probablemente recibe más de un regaño de mis suegros, la solución no puede ser prohibir esta forma de trabajo. Mejor sería prohibirlos por determinadas vías, establecer el pico y placa, obligarlos a organizarse en cooperativas. Finalmente, si la ciudad de Barranquilla se parece a Niu Orlean, no veo porque Sincelejo no puede ser como Roma.

Un estudio del caso: http://www.cuadernos.tpdh.org/file_upload/02_Jaime_Aguinaga.pdf

2 Comments:

At 12:15 PM, Anonymous Anonymous said...

Una realidad social que no se quiere ver.. excelente artículo!

 
At 8:40 AM, Blogger dussan said...

Gracias por su comentario.

 

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