Tuesday, February 01, 2005

31. el huevo o la gallina

(“Si los ciudadanos acatan las leyes y las cumplen qué importa que sean o no sean las mismas”. Montesquieu). En el pasado magazín de TOP COMM, Mauricio López comentó la necesidad de eliminar los “cuellos de botella” que existen a nivel de la red de acceso al abonado. Para sustentar esta opinión toma como ejemplo a Chile, país donde la penetración de la banda ancha muestra niveles apreciables pero, irónicamente, de manera contraria a la tesis que plantea el artículo, en Chile no está prevista la desagregación del bucle; sin embargo, la penetración de servicios de banda ancha es superior a la de España, donde hace algunos años está contemplada esta medida y donde es común que los usuarios se quejen por las altas tarifas que pagan, aún cuando en el último año hayan disminuido.

Llama la atención la forma como se construye el argumento, señalando primero algunos de los factores que han contribuido al crecimiento de la economía chilena, para después acusar de retrógrados a los que no ven la necesidad de incentivar el acceso de banda ancha para los usuarios como una forma de aumentar el nivel de conectividad y, por ende, de acceso a la Sociedad del Conocimiento, y concluir que para lograr esos objetivos es importante adoptar medidas como la desagregación del bucle, aún cuando no se refiere explícitamente a ella, o tal vez pretenda ir más allá, incluyendo el acceso a los usuarios de telefonía móvil.

Por supuesto, todos coincidimos en las premisas del sofisma, pero no en su conclusión, pues así como Chile es un buen ejemplo del aumento de conectividad sin desagregación del bucle, también creo que los planteamientos ignoran otros aspectos que fueron fundamentales para el crecimiento económico de ese país, como son el orden público, la estabilidad de la regulación, el nivel de corrupción del Estado y el acceso a la justicia.

En resumen, es el respeto a la ley, el respeto a la institucionalidad, lo que permite el desarrollo de un país. Por eso causa preocupación que algunos minimicen estos problemas, afirmando que es normal para un empresario transferir estos costos a la operación del negocio. Por el contrario, esa transferencia se produce cuando ya se ha invertido, pero los factores mencionados son determinantes antes de tomar esa decisión.

Por lo anterior, no puede decirse que el país y, particularmente el sector, no estén abiertos a la inversión privada y que, además, no se haya intentado. Esto no quiere decir, como lo he explicado tantas veces, que no sea importante revisar la estructura del sector, pues su excesivo fraccionamiento probablemente desincentiva la inversión privada. Así mismo, medidas como obligar a las empresas a cotizar en Bolsa, que propuso el Viceministro de Comunicaciones, o la venta de TELECOM a las empresas locales, no su fusión, pueden contribuir a su desarrollo.

Pero, lo más importante para los inversionistas y es uno de los principales puntos que debe tener presente el regulador, es garantizar la estabilidad de las reglas de juego y, en gran parte, la desagregación del bucle o de aquellos otros “elementos de conexión a la red de abonado” pueden atentar contra ese principio.

Por último, no sobra aclarar que la cuestión sobre banda ancha o “banda angosta” no representa una situación antagónica, como podría pensarse. Como explique en otro artículo (“El bucle de abonado"), se trata de definir prioridades en los esfuerzos que debe realizar el Gobierno para mejorar la conectividad del país, de paso, reduciendo la “brecha digital” entre nosotros mismos, por lo cual es preferible dejar el crecimiento de la banda ancha al mercado, sin aumentar la percepción de riesgo para los inversionistas con propuestas como éstas, mientras que proyectos de acceso a internet como los que adelanta TELECOM y otras empresas a nivel regional, deben ser apoyados por el Estado.

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