Saturday, November 20, 2004

29. desagregación

Recientemente se han presentado varios debates sobre las acciones que pueden seguirse para el desarrollo de la banda ancha en Colombia, entre ellas, la desagregación del bucle de abonado como mecanismo para promover la masificación de esta tecnología. Desde la CRT me opuse a la desagregación del bucle en un momento en que la medida era considerada en el mundo como una solución indispensable para aumentar la competencia y como un paso en el camino de la sociedad de la información. A pesar de las tendencias regulatorias de moda, me opuse con el apoyo del Viceministro Velásquez e incluimos un artículo en el RUDI que exigía la realización de un estudio caso por caso para determinar la conveniencia de ordenar la desagregación y, un poco más allá, que contemplará el impacto sobre los proyectos que las empresas tuvieran sobre banda ancha.

Después se conocieron las críticas que en otras latitudes se han dado sobre los efectos de la desagregación. Sin embargo, en gracia de la verdad, mientras EE.UU. parece resuelto a echar para atrás la medida, en Europa se insiste en ella. Se me ocurre que esto puede deberse a razones de fondo diferentes. En el caso de EE.UU. el sagrado principio de la libre empresa requiere que estas cargas a la propiedad privada se levanten, de la misma manera que se obliga al empresario a realizar su mayor esfuerzo para crear su propio mercado. En Europa, por su parte, se insiste en la desagregación porque es la forma más rápida de crear un mercado paneuropeo de telecomunicaciones, que le permita además consolidar uno o unos pocos operadores que puedan contrarrestar a las otras potencias del mundo a través de la competencia.

En Colombia la situación es distinta. Es cierto, como lo afirma el presidente de ASONET, que no podemos darnos el lujo de duplicar infraestructura innecesariamente, pero también es cierto que la desagregación del bucle puede impactar fuertemente a las empresas, de manera que los ahorros que se harían en infraestructura, se verían perdidos en los balances de las empresas. Ahora bien, la medida podría justificarse si se viera una mejoría en la oferta de los servicios, pero no es seguro que ese resultado se produzca.

Por una parte, la desagregación no se traduce en menores precios ni en mejores servicios porque el incumbente mantiene la gestión sobre la parte más crítica de la red y tiene derecho a recibir una justa remuneración por su uso, que se convierte en un piso para las tarifas de los operadores entrantes. Por otra parte, la desagregación también evita que se produzcan ahorros derivados de la integración vertical de la empresa y que favorecen a los usuarios. Pero el argumento de fondo, la que considero la “razón verdadera” en contra de la desagregación es que la medida destruye valor en las empresas.

Es importante tener en cuenta que este servicio se factura en una suma cercana a los 30€, un costo muy alto para la mayoría de los usuarios en Colombia. Se dirá entonces que precisamente mediante la competencia estas tarifas bajarán, pero insisto en que el valor de arriendo del bucle no permitirá diferencias significativas, razón por la cual los españoles se quejan de la medida, pues la desagregación estímulo un comportamiento parásito que evito una reducción significativa en las tarifas.

Por otra parte, también está demostrado que en muchos casos los monopolios pueden reducir sus costos si aprovechan las ventajas de la integración vertical, incluyendo el empaquetamiento de servicios, ahorro que no se produce si se separa la operación de la red. Este es el argumento de Telefónica ante el regulador español para que le deje bajar tarifas (!), a lo cual se opone la CMT por considerar que reduciría la competencia, pero nuestras condiciones requieren un enfoque distinto del regulador, porque lo que debemos procurar en Colombia como una prioridad es la reducción de los precios de acceso al servicio o, más exactamente, aumentar la conectividad del país y a ello no contribuye la desagregación del bucle.

Además, hay que tener en cuenta que con una población similar a la de España, nuestra densidad telefónica es una tercera parte. Eso significa que España desagrega el bucle cuando ya no caben más líneas telefónicas en las calles, mientras su economía crece vertiginosamente y la demanda de sus habitantes por acceso a las TIC es considerablemente alta.

Por lo anterior comparto la controvertida opinión de Alfonso Gómez cuando afirmó que la prioridad para el país es masificar la “banda angosta”. En mi opinión no se trata una discusión sobre la tecnología que se puede comercializar, sino que es algo más de fondo: se trata de la definición de una política y la estrategia de Estado para reducir la brecha digital. Lamentablemente TELECOM es la empresa que ejecuta esa política en las regiones invirtiendo grandes sumas en cada departamento, con alto riesgo para una empresa pública; pero, irónicamente, debe hacerlo porque está ahí y porque es del Estado, aunque si pudiera no debería estar. Insisto en que, en muchos casos, sería conveniente transferir la gestión o la propiedad de las líneas de TELECOM a los operadores regionales con los que compite, pero ese es otro tema.