Thursday, October 07, 2004

28. Privatizacion

Recientemente el Banco Mundial publicó un documento en el que se analizan los efectos de las reformas introducidas en América latina en los servicios públicos y en alguno de sus apartes cuestiona los resultados obtenidos por las privatizaciones, insinuando que es posible que los mismos resultados se hubieran logrado si se hubieran conservado los monopolios públicos. Ante todo quisiera manifestar que disiento de una conclusión en ese sentido. Las privatizaciones, especialmente hablando del sector de las telecomunicaciones, han conllevado claros avances, principalmente en aumentos enormes de la teledensidad.

Aún cuando es difícil recrear lo que hubiera pasado en aquellos países donde se hicieron las privatizaciones si se hubiera mantenido el monopolio público, sí es posible analizar lo que ocurrió en los países donde no se produjeron estos cambios, como son Colombia y Ecuador cuyos servicios de telefonía local o fija y de larga distancia se encuentran principalmente en operadores públicos o mayoritariamente públicos.

Si bien en Colombia hay ejemplos valiosos como el de EPM, Orbitel y ETB, y en el difícil mercado de la telefonía rural, EDATEL, no puede ignorarse lo que ha pasado con la EDT en Barranquilla, EMCALI y TELECOM, que sumadas tienen casi la mitad de las líneas instaladas en el país y cuyas equivocaciones le han costado al país una suma superior al billón de dólares, lo que las tiene en proceso de liquidación.

Situación similar ocurre en nuestro vecino país, donde han sido permanentes los escándalos por corrupción y son notorios los sobrecostos que tienen las empresas, su desgreño administrativo, la mala calidad del servicio y la pésima atención (es conocido que la forma mas demorada de obtener una línea telefónica en Guayaquil es pidiéndosela directamente a la empresa, por supuesto hay formas más rápidas de conseguirla).

Allí la privatización de las empresas desde el punto de vista económico sería una necesidad, aún cuando desde el punto de vista social es muy probable que los trabajadores y los indígenas se opongan a esa medida, generando un ambiente de inestabilidad muy grave en un país que apenas se está recuperando de una profunda crisis política y económica.

En ese sentido, la solución propuesta por el anterior gobierno que buscaba entregar la administración de las empresas a un grupo privado, sin transferir el capital y después de haberlas escindido con la intención que ambas compitieran en todo el país, era excelente considerando todos estos elementos.

En nuestro país, a pesar de los casos negativos mencionados, el modelo semipúblico se mantiene y es posible que los resultados alcanzados por las principales empresas lo consoliden cada vez más, especialmente teniendo en cuenta que empiezan ha producirse alianzas estratégicas entre los grupos, como ocurrió con OLA y, por qué no, podría darse para la salvación de empresas como la de Barranquilla o Cali, sin perjuicio que al generarse mayor valor en las empresas, el interés de entrada de inversionistas privados aumente, lo cual contribuirá a un mayor impulso del sector.

Hay que aclarar que la estructura de capital de empresas como ETB, ORBITEL y EDATEL es similar a la de algunos países europeos, como Francia o Alemania, lo que además de permitir el control de las empresas, ha facilitado la ejecución de proyectos sociales.

Para resumir, a pesar del relativo éxito que hemos tenido en Colombia con un modelo de participación mayoritariamente público, no deja de ser preocupante que se generen dudas sobre la conveniencia de promover la entrada de capitales privados en estos sectores.

Precisamente, las inquietudes que pueden generar estos cuestionamientos también pueden alentar decisiones equivocadas, como en el caso de Perú, que redujo el término de la concesión a Telefónica con argumentos muy deleznables. Sin embargo, con el tiempo se ha visto como una “blofferia”, relacionada con las tarifas y otros temas de controversia como el inusitado factor “X” del 10%, y ya el Ministro de Economía tuvo que ir a dar sendas explicaciones a España, pues no sin razón esta posición preocupó a los empresarios españoles que vieron esta actitud como un desplante.