25. parlamentarismo
Sigue su curso irrefrenable la tesis de adoptar el sistema parlamentario en Colombia. Son muchos quienes han propuesto de vieja data de esta idea, aun que para algunos el trasfondo sea la intención de enredar la otra gran propuesta política del momento, como es la reelección presidencial. Sin entrar en los entretelones de los intereses que están en juego y con el respeto que merecen los ilustres exponentes del proyecto, como el expresidente López, Tito Livio Caldas, Juan Manuel Charry o el senador Cristo, sin olvidar a William Jaramillo, quien era una de sus más convencidos defensores, resulta importante recordar que desde la independencia, Bolívar considero que este sistema no respondía adecuadamente a la forma de ser de nuestros pueblos, pues el Libertador creía que las jóvenes naciones no tenían la suficiente formación democrática para implantar esta forma de gobierno.
En efecto, se ha visto que el sistema parlamentario es un modelo que se desarrolla en democracias maduras, es decir, con partidos políticos definidos y cuyos militantes conocen claramente la ideología que representa cada uno de ellos. De por sí, el sistema parlamentario se adapta mejor al bipartidismo, por lo que es necesario un equilibrio real entre los grupos políticos, económicos y sociales para el adecuado funcionamiento del sistema de controles que se requiere para garantizar la alternatividad del poder.
Lamentablemente, ningún país en América Latina podría afirmar que ha alcanzado esa madurez. Por el contrario, la inestabilidad política del continente confirma cada día como los partidos políticos no representan realmente una ideología y, sobre todo, que carecen de una conexión con las bases populares que no se ven representadas en sus dirigentes. Este problema no puede resolverse con el sistema parlamentario, como pretenden algunos al afirmar que por este medio se consolidan los partidos y, subsecuentemente, se fortalece la democracia. En realidad el proceso debe ser inverso. Cierto que en la Gran Bretaña el sistema parlamentario fue anterior a los actuales partidos políticos, pero no a la división ideológica que los mismos reflejan, como tampoco puede olvidarse que la monarquía fungía como árbitro, a pesar de las distancia que podía tener la institución real con los laboristas. Igualmente, países como Francia, Italia o España representan a través de sus partidos las ideologías social-demócratas y conservadoras que han dividido a Europa desde el siglo XIX.
En nuestro medio, en cambio, los partidos políticos no lograron esa representación, mucho menos después del Frente Nacional, de manera que la permanente aparición de nuevas fórmulas políticas que canalizan los sentimientos de inconformidad de los electores deben ser miradas y respetadas como una muestra del proceso de formación de nuestras naciones, que podría frustrarse con la implantación del parlamentarismo. Frustración que profundizará con más dolor las diferencias entre nosotros.
No puede olvidarse que Colombia marcha al borde del partido institucional o del partido único de gobierno, pues el Partido Conservador no es una opción de poder sino una suma de intereses regionales que ni siquiera constituyen oposición. Igualmente, hay que mencionar que tanto Uribe como Pastrana fueron elegidos como representantes de fuerzas independientes, por lo que impedir la consolidación de alternativas que buscan marcar una diferencia con la vieja política se puede constituir en un motivo de frustración para muchos ciudadanos.
En consecuencia, la propuesta del sistema parlamentario tiende a prolongar la concentración del poder político en las fuerzas tradicionales, en perjuicio de propuestas que para beneficio de la democracia se están desarrollando en el continente, aún cuando no necesariamente sean afines con nuestro pensamiento. Se trata de opciones que tienen arraigo popular y que respetan valores y tradiciones culturales que son ajenas a la dirigencia de nuestros pueblos, por lo que sus planteamientos recogen muchos elementos que no están presentes en los modelos e instituciones políticas que hemos copiado, aun cuando deban ser miradas con cuidado, pues en algunos casos también están cargadas de propuestas populistas que podrían conllevar mayor pobreza a nuestros pueblos.
Para concluir, el sistema parlamentario es incluyente en aquellos países donde está consolidado el bipartidismo y, por ende, las personas se sienten representadas en las concepciones ideológicas que los respectivos partidos defienden. Pero el sistema parlamentario no es adecuado para una sociedad donde las concepciones ideológicas no están claras, ni los partidos políticos han respondido a la responsabilidad de definirlas. En este escenario, el parlamentarismo se convierte en un sistema excluyente, para una sociedad cuyo mayor problema es ser excluyente en todos los campos y evita la alternatividad del poder, fundamento esencial de la democracia.

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