Monday, July 26, 2004

22.Carta blanca

A pesar de las optimistas cifras que viene divulgando el gobierno sobre el crecimiento de la conectividad en Colombia, creo que la situación de las telecomunicaciones en el país no tiene el color rosa con el que se pinta, aunque el sector, como el resto de la economía, presenta una tasa de crecimiento positiva como lo viene haciendo desde hace una década.

El discurso del gobierno sobre las tendencias mundiales del sector parece escrito en otro idioma, pues no tiene valor alguno para los colombianos que viven en las zonas rurales y en los cinturones de miseria en las ciudades. Afirmar que la banda ancha, la convergencia, la globalización y la movilidad dirigen las telecomunicaciones en el mundo, antes que ofrecer una respuesta a estos ciudadanos parece darles un motivo más de zozobra.

Es muy grave que la CRT haya bajado el número de impulsos que pueden ser subsidiados a los usuarios de los estratos 1 y 2 en un 20%, en contra de las políticas que desde su campaña había propuesto el Presidente de la República y de la ley del Plan, sino que además parece olvidar la principal función que tiene el Estado, como es preocuparse por atender las necesidades de la población más pobre.

No es cierto que el esquema de subsidios y contribuciones no sea sostenible y claramente no podrá decirse eso en ciudades como Medellín o Bogotá, donde los montos son considerablemente superiores a los del resto del país.

Como se advirtió en la exposición de motivos del proyecto de ley 160/01, el esquema podía mantenerse por lo menos durante 10 años, aunque en aras de lograr una mayor equidad entre las regiones resultaba conveniente reorientarlo.

Así mismo, debe tenerse en cuenta que con las nuevas tecnologías el consumo por individuo aumentará, con lo cual se garantizan más recursos para los subsidios, sin que esté afirmando que por ello se deba aumentar el monto existente.

También resulta contradictorio que se reduzca el subsidio mientras se afirma que uno de las políticas del gobierno es la masificación de internet, aumentando el valor promedio del minuto para el usuario. Sumemos a eso el impuesto a las importaciones de PC’s, el aumento del IVA a la telefonía móvil celular y la “reorientación” de la Agenda de Conectividad, para quedar completamente confundidos sobre los esfuerzos del gobierno por “cerrar la brecha digital”.

Por último, lo que hay que mirar es qué están haciendo las empresas para cubrir con su función social, en especial, en lo que se refiere a la atención de sus obligaciones de servicio universal, pues es sumamente preocupante que la teledensidad del país no haya aumentado en casi cuatro años, mientras las empresas obtienen ingentes ganancias. Para ello es necesario fijar algunas reglas que midan el nivel de cubrimiento en los estratos bajos para los operadores con un poder significativo en el mercado y no como está previsto ahora en una absurda resolución del Ministerio, obligando a las empresas entrantes que atiendan ese segmento de usuarios, contradiciendo cualquier lógica económica.

Bogotá, D. C., 21 de julio de 2004.

Saturday, July 10, 2004

21. EDT

Al fin se produjo la liquidación de la Empresa Distrital de Teléfonos de Barranquilla y de TeleSantamarta, dos empresas cuyas malas administraciones obligaron al Estado a adoptar estas drásticas pero necesarias decisiones. Bien hecho por la Superintendente y su equipo, que vienen cumpliendo responsablemente con sus funciones. Debe reconocerse que así como han hecho un enorme esfuerzo por encontrar una solución a la situación de EMCALI, empresa cuya continuidad es fundamental para la capital del Valle del Cauca, no le ha temblado la mano para resolver definitivamente los problemas que representaban estas empresas de la Costa Atlántica. Lamentablemente ya se escucha la voz del Alcalde de Barranquilla y de otros funcionarios que pretenden entrabar las decisiones de la Superintendente y, por supuesto, para ello se ha invocado el sentimiento regional, como si tener una empresa de telecomunicaciones fuera parte de la identidad cultural de los pueblos.
Lo ocurrido con la EDT hay que mirarlo con objetividad y, por lo tanto, es importante que Barranquilla no olvide todo lo que le debe a la empresa o, mas bien, lo que la empresa le debe a la ciudad. Podría empezarse con la lamentable muerte de su Gerente hace muchos años, un joven dirigente barranquillero que al verse inmerso en una maraña de corrupción, tomó la más terrible de las decisiones.Pero si este hecho de por sí impactante no es suficiente, puede pensarse en la larga lista de escándalos que ha rodeado a la empresa, como las varias compras que se han hecho de su sede.Tampoco puede olvidarse que en Barranquilla existen dos empresas de telecomunicaciones. Un hecho inusual para una ciudad de ese tamaño, incluso en un país cuyo sector se ha configurado de una manera atípica. Es buen recordar que el nacimiento de Metrotel hace más de 10 años se debió precisamente a que ya, desde esa época, la empresa era un grave problema para la ciudad, pero ante la imposibilidad de liquidarla, al Padre Hoyos se le ocurrió constituir una nueva empresa. Lo más sorprendente es que ambas empresas eran de propiedad del municipio, aunque como todos saben, Metrotel también tenía participación del sector privado y, posteriormente, de la Nación.
Revisados estos pocos hechos, considero que es un desafuero afirmar que Barranquilla necesita de una empresa de telecomunicaciones, cuando tuvo dos y sucedió lo que sucedió. De hecho, Barranquilla ya tiene una empresa, que es Metrotel, cuya gestión en la ciudad es rescatable, incluso porque esta empresa es la que atiende proporcionalmente el mayor número de usuarios en los estratos de menores ingresos. Pero si se quiere insistir en el error de comprometer mayores recursos públicos de la ciudad en la creación de otra empresa, pueden hacerse las siguientes observaciones al respecto:

1) Se pretende que la nueva empresa se constituya como sociedad de economía mixta, con una participación del municipio del 51%. Por qué del 51% y no del 15, 20 o 25%?; para seguir administrándola de acuerdo con los intereses de los políticos de turno? Si se quiere crear sinergias entre lo público y privado no es necesario que se arriesguen mayores capitales públicos, por el contrario, la constitución de la empresa debe garantizar desde un comienzo la administración responsable, con criterio empresarial y ajena de la influencia política.

2) La empresa no debe tener una connotación local, pues ya existe una empresa en Barranquilla que puede ofrecer el servicio a toda la ciudad. En cambio, lo ocurrido con TeleSantamarta y la existencia de otras empresas en la Costa Atlántica que podrían estar interesadas en expandir su operación, podría traer ventajas en la concepción del negocio.

3) Tampoco debe sacarse del juego a Metrotel. Una capitalización de la empresa para fortalecerla en este momento puede ser mejor alternativa para todas las partes, que introducirle competencia.

4) También es importante tener en cuenta que los recursos que se pretenden destinar a la creación de la nueva empresa pueden destinarse de mejor manera para atender otras necesidades, incluso en el área de las telecomunicaciones, impulsando proyectos como el de la ciudad digital que es importante para el desarrollo de la zona franca, entre otros.

Por último, debo aclarar que a pesar de no compartir la propuesta del Alcalde, creo que fue hecha con la mejor intención, pero considero importante expresar estas breves opiniones y que se escuchen las de muchos más sin ánimo demagógico, para el bien de esa bellísima ciudad que es Barranquilla.

Bogotá, D. C., 8 de julio de 2004.